La Ruta del Vino más larga del mundo

Orígenes, la Ruta del Vino mas larga del Mundo portales energéticos hacia tiempos, templos y viñedos ocultos

 

Las Regiones de Coquimbo, Atacama y el Noroeste argentino son destinos de una diversidad geográfica y ancestralidad impresionante, donde los vínculos de sus antiguos habitantes con la naturaleza alcanzaron niveles impensados debido a potentes encuentros, cultos, transformaciones e intercambios que asombran y resaltan el enorme atractivo y adoración que generaron estos territorios y sus geografías en los antiguos viajeros y en sus habitantes, territorios que en la actualidad siguen muy poco explorados y valorados por la mayoría de la industria turística.

Si bien la mayoría de las poblaciones y viajeros optan por zonas costeras y valles, la naturaleza del desierto semiárido y las grandes planicies y montañas de Chile y Argentina poseen un encanto tal que todavía se conservan en el pasado lo cual de alguna manera ha afectado su accesibilidad, conectividad y desarrollo internacional.

¿Serán acaso las despampanantes geografías de extremismos climáticos, silenciosos diminutas poblaciones y caminos que van desde el nivel del mar hasta los 4000 m.s.n.m, han dejado a estos lugares en el anonimato?

He aquí mi experiencia de viajar desde La Serena hasta Cafayate, atravesando el desierto más árido del mundo, el Atacama y el volcán más alto del planeta, el Ojos del Salado, para revivir los viajes que el conquistador Francisco de Aguirre y en especial el clérigo Juan Cidron hicieron para dar vida a las primeras ciudades, viñedos y vinos de la Argentina. Al cruzar el Atacama y el Paso San Francisco y entrar a Catamarca, la Angostura y Fiambalá, lo que más me sorprendió, no solo fueron los alucinantes paisajes y coloridos contrastes de azules y ocres, sino la escasa cantidad de viajeros en comparación a lo que uno ve en el Paso Los Libertadores y Montaña Aconcagua. Esto me hizo contactar a un experimentado montañista y amigo para que me explicara los beneficios y el atractivo que generan las montañas y así poder aclarar mis dudas por la soledad y poca promoción en torno al volcán más alto del mundo, el Ojos del Salado.

Mi amigo me explicaba con una enfoque filosófico y ancestral, que las montañas eran mayoritariamente deidades femeninas debido a su capacidad de acumular y almacenar energía y recursos, por eso su adoración constante y denominación “Pachamama” que generaba incluso la realización de los rituales más extremos que un humano podría realizar, en este caso, dejar a sus niños y adolescentes en la cima, el rito de mayor pureza como ofrenda a la madre tierra. Por otro lado, durante sus ascensiones en especial al volcán ojos del salado, mi amigo montañista me contó que al alcanzar la cima sintió una extraña y sobrenatural presencia, como si hubiese sido observado por alguien.

Para él, estas montañas y muchas otras de la cadena andina, están llenas de energía cósmica y ancestral magnetizada que por algo han generado desde hace miles y cientos de años enigmáticos y para muchos inexplicables cultos desconocidos para la mayoría de los chilenos, argentinos y viajeros del viejo mundo. Increíblemente, aquellos inolvidables cinco días de viaje y exploración por las rutas 60 y 40 atravesando las provincias de Catamarca, La Rioja, Tucuman y Salta ha quedado tatuado en mi memoria ya que todo tenía un fin mayor, conocer y vivir en persona las distancias, los paisajes, la gran hazaña, el proyecto y el legado del conquistador Francisco de Aguirre, quien para los entendidos fue la lanza más sobresaliente de la conquista hispana en Sudamérica, iniciador de las primeras ciudades y vinos de Chile y Argentina.

Inicie mi aventura, tal como lo hizo Aguirre y Juan Cedron, desde las fronteras del Valle del Elqui. La costa de Coquimbo y La Serena, la ciudad más antigua de la costa chilena y estratégico asentamiento elegido por el conquistador Pedro de Valdivia para que su mano derecha, Francisco de Aguirre la reviviera refundándola de su destrucción en 1549 y así proveyera y resguarda a la Capitanía General y a Santiago de Chile que, emplazada equívocamente por estrategico engaño del Inca en el valle del Mapocho, se expondría a los alzamientos y embates de los miles de araucanos o la tierra de la gente salvaje purum aucas.

Pareciera que la nobleza hispana, hidalgos e industriales evitaron la Araucanía alejándose de la zona central de Chile para poder dedicarse de lleno a la explotación minera, la vitivinicultura, el culto divino, la calidad de vida y la creación de caminos y recursos que facilitaran e impulsaran la conectividad de ambos océanos y continentes. Fue así como Francisco de Aguirre y connotados vecinos, se asientan en La Serena, el Valle del Elqui y posteriormente Copiapó no solo para evitar riesgos con las sublevaciones hispano-indígenas de Santiago de Chile sino también para asegurar el control de los minerales, las rutas, el poderío comercial y las geografías estratégicas de Coquimbo y Atacama que condujeran el andar de los nuevos recursos y personas que venían de Lima para afiatar el dominio de la finis terra indómita y australis.

Desde Copiapó y La Serena donde Francisco de Aguirre ejerció como máxima autoridad e indiscutido líder, llegando incluso hacer fogones en la costa (El Faro de La Serena y Puerto Viejo en Copiapó) para orientar los barcos y darle fama a sus puertos y asentamientos de Coquimbo y Atacama, reactivó nuevos y antiguos caminos andinos que permitieran llegar a la desembocadura del Rio de la Plata y el Mar del Norte (Atlántico), atravesando impresionantes paisajes, sierras, nevados y volcanes sobre los 6000 metros de altura que lo llevarían a fundar en 1553 la primera ciudad en la historia de Argentina.

La oportunidad de no perder estas montañas y caminos, probablemente los más hermosos e impresionantes del planeta, fue lo que daría inicio a su plena devoción y dedicación a esta ruta, el paso San Francisco, que tres años después seguiría el clérigo mercedario Juan Cedrón, quien por orden de Aguirre, traería desde sus encomiendas al interior de La Serena, Chile, las elegidas y sagradas estacas de vides para Argentina y su primera ciudad, Santiago del Estero, propagándolas posteriormente por los nuevos asentamientos del noroeste argentino (Tucuman, Catamarca, Anillaco, Londres, Salta y San Juan) que fueron fundados y fortalecidos por los primos, sobrinos y yernos del Aguirre para sostener astutamente esta osada propuesta de dominación y conexión bioceánica.

Es así como estos asombrosos antecedentes me llevaron a revivir este histórico derrotero, atravesando el ancestral paso San Francisco y su famosa Ruta de los Seis Miles para llegar a la sierra de Fiambala, primera planicie de las numerosas pampas argentinas rodeada de coloridos cerros, termas, ríos, angostas quebradas y escondidos pasadizos que llevaban a las ciudadelas indígenas más importantes y hermosas que uno puede imaginar, tales como Watungasta, Tinogasta, Shical y Quilmes, sitios que cualquier conquistador quisiera someter para evitar alzamientos y acrecentar sus sueños de prosperidad y grandeza en el nuevo mundo.

La inesperada presencia a casi 5000 metros de altura de ciclistas, exploradores y motoqueros europeos, quienes, ostentando una valentía impetuosa, me hacían imaginar las caras de aquellos osados expedicionarios de España y Flandes y sus descendientes, los arrieros y troperos de Atacama y Coquimbo que atravesando las montañas más altas de América mantuvieron activo el comercio en la colonia y sus economías familiares a ambos lados de la cordillera.

Las atracciones más sorprendentes e imperdibles del viaje aparte de los coloridos contrastes de volcán Ojos del Salado, nevado Tres Cruces, laguna Verde y las montañas de Incahuasi y la colorida Quebrada la Angostura fue la Ruta del Adobe sus templos y bodegas de vino, las Termas de Fiambala, Los Valles Cachalquies y sus sitios arqueológicos, la Casa de huéspedes de la Bodega de Chañarmullo y en especial la Ruta del Vino de Cafayate, uno de los destinos enoturísticos más encantadores y mágicos del mundo.

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